jueves, 30 de abril de 2009
Grandes y pequeños héroes
Superman, Batman, Spiderman… son solo algunos de una larga lista. Pero… ¿Es necesario volar, tener poderes mágicos o salvar el mundo para ser un héroe? No. Tendemos a buscar lo más; lo más fuerte, lo más poderoso, lo más bueno, lo más potente. Pero a veces, no es necesario ser “lo más” para hacer algo bien, algo bueno, algo por lo que merecer ser un héroe.
Y me viene a la mente el personaje de Amélie, de la película “Le fabuleux destin d’Amélie Poulain” de Jean Pierre Jeunet. La joven parisina que busca la felicidad de los que la rodean, con pequeños detalles, quizás insignificantes para alguien ajeno a ellos. Para muchos, Amélie, a pesar de no saber volar y de no salvar el mundo, es también un héroe.
Ceci est très contemporain
sábado, 18 de abril de 2009
Abre los ojos
El mundo del periodismo y el de los viajes siempre ha estado muy relacionado, (podemos remontarnos hasta las notas tomadas por los antiguos descubridores -explicando qué es lo que se encontraban en esos nuevos territorios desconocidos-).
Pero quizás está relación ha sido bastante furtiva; pocos se han atrevido a unificar en un solo concepto ambos mundos, pues siempre se alzan voces que tienden a considerar/señalar/calificar el resultado como de mero panfleto turístico.
Santiago Tejedor, profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona, ha creado el portal TuAventura.org, donde periodistas de todo el mundo plasman sus experiencias a modo de libro de viaje cibernético.
Si te interesa el periodismo de viajes, te intereserá este portal.
miércoles, 15 de abril de 2009
Próxima estación; Melancolía.
Un lugar cargado de simbología es el ferrocarril. El tren ha gozado siempre, frente al resto de transportes, de ese aire melancólico del que nadie sabe muy bien determinar el origen.
Quizás sea eso, junto a la imagen de los paisajes que se funden en uno por la velocidad, la razón por la que el tren provoca tantas emociones.
jueves, 2 de abril de 2009
Lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Esta dicha la conocen muy bien los escritores japoneses, que llevan aplicándola cientos de años mediante los haikus. Se trata de poemas breves de tres versos -de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente- y son una de las formas de poesía tradicional japonesa más extendidas.
Breve, aunque quizás no bueno, aquí va un modesto haiku:
Déjame futuro
para escapar
no huyas, horizonte.